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Elaboración de Presupuestos para Empresas de Servicios en Chile (Pymes)

  • Foto del escritor: Christian Casanova Vera
    Christian Casanova Vera
  • 23 jul 2025
  • 19 Min. de lectura

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) de servicios en Chile enfrentan un entorno dinámico al planificar sus presupuestos anuales. A continuación se presenta un informe estructurado que aborda las proyecciones económicas relevantes (inflación y tipo de cambio), cambios legislativos recientes que inciden en los costos laborales, las mejores prácticas para presupuestar en pymes considerando la incertidumbre, y recomendaciones para extender la planificación más allá de 2026.

Proyecciones de Inflación para 2026 y Años Posteriores

Las proyecciones oficiales indican que la inflación en Chile continuará moderándose hacia el año 2026 y se mantendría controlada en adelante. El Banco Central de Chile estima que la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) convergerá en torno al 3% anual para inicios de 2026, cumpliendo así la meta inflacionaria. De hecho, se proyecta que la inflación cierre 2025 en 3,8% anual y alcance aproximadamente un 3% en el primer trimestre de 2026; desde entonces, la expectativa es que oscile cerca de la meta de 3%. Estas proyecciones reflejan un retorno a la estabilidad de precios tras un período de inflación elevada en 2022-2023.

Los pronósticos de mediano plazo respaldan esta visión de estabilidad. Según el Ministerio de Hacienda, la inflación promedio anual se reduciría a 3,1% en 2026 y 3,0% en 2027, manteniéndose en torno a 3% en años. Esto supone una convergencia hacia el rango compatible con la meta del Banco Central, dando mayor certeza a las pymes para sus proyecciones de costos futuros. Las empresas deben considerar que, tras los repuntes inflacionarios recientes, se espera una estabilización de precios en niveles bajos para 2026-2028, lo cual facilita la elaboración de presupuestos con supuestos de inflación moderada.

No obstante, es importante monitorear los informes periódicos (por ejemplo, Informes de Política Monetaria del Banco Central) ya que persisten riesgos que podrían desviar la inflación proyectada. Por ejemplo, choques externos en precios de energía, alimentos o volatilidad cambiaria podrían temporariamente alejar la inflación de la meta. En todo caso, las expectativas privadas también apuntan a una convergencia inflacionaria hacia 3% en el horizonte de dos añoslatercera.com, brindando un marco relativamente predecible para 2026 en adelante.

Cambios en el Valor del Dólar y su Impacto en los Costos

El tipo de cambio peso/dólar es otra variable crítica en la planificación financiera de pymes de servicios, dado que influye en el costo de insumos importados, tecnología, combustibles y otros gastos dolarizados. En los últimos años el valor del dólar en Chile ha mostrado volatilidad significativa. Por ejemplo, a inicios de 2025 la paridad superó los $1.000 por dólar durante varios días, reflejando episodios de depreciación importante del peso chileno Estas fluctuaciones tuvieron impacto directo en costos: un peso más débil encarece bienes importados y elevó precios locales de combustibles y energía, lo que alimentó la inflación y los gastos operativos de las empresas Las empresas de servicios, si bien no importan mercancías para reventa, consumen insumos (equipos, software, vehículos, arriendos denominados en UF, etc.) cuyos precios pueden verse afectados por el dólar, por lo que deben incorporar esta variable en sus presupuestos.

Para 2026, las proyecciones oficiales suponen una cierta apreciación del peso chileno respecto al dólar. El Ministerio de Hacienda, en su escenario macroeconómico, pronostica un tipo de cambio promedio de $959 por US$ en 2026, levemente más bajo que el promedio estimado para 2025 ($979). Hacia 2027-2029 se anticipa una continuación gradual de esta tendencia (ver Tabla 1), con el peso fortaleciéndose lentamente frente al dólar. Esta apreciación moderada, de concretarse, podría aliviar costos de importación para las pymes (equipamiento, suministros, servicios contratados al extranjero, etc.).

Tabla 1. Proyecciones Macroeconómicas Oficiales (Chile)

Indicador

2025

2026

2027

2028

2029

Inflación (IPC, % var. anual)

4,4%

3,1%

3,0%

3,0%

3,0%

Tipo de cambio ($CLP/US$, prom.)

979

959

939

933

929

PIB real (% var. anual)

2,5%

2,3%

2,2%

2,0%

2,0%

Fuente: Ministerio de Hacienda, supuestos marco IFP 2024.


Si bien el escenario base apunta a un dólar estable o ligeramente a la baja en los próximos años, las pymes deben manejar escenarios cambiarios alternativos. Dada la sensibilidad de Chile a shocks externos (precio del cobre, condiciones financieras globales, incertidumbre internacional), es aconsejable prever el impacto de un dólar más alto que lo esperado. Por ejemplo, ante una nueva depreciación del peso (dólar al alza), podrían incrementarse nuevamente los costos de transporte, combustibles y servicios externalizados en el extranjero, afectando el presupuesto. Incorporar un margen de seguridad o escenario de tipo de cambio alto en el presupuesto ayuda a evitar sorpresas. Del mismo modo, si el dólar bajara más de lo proyectado, la empresa podría beneficiarse de menores costos en ciertos rubros – pero conviene destinar esos ahorros a un fondo de reserva o reinversión prudente, en vez de asumir que el tipo de cambio favorable persistirá indefinidamente.

En resumen, para 2026 las pymes pueden asumir en su planificación central un dólar en torno a $950-$970 (rango razonable según autoridades). Sin embargo, la incertidumbre cambiaria aconseja: 1) monitorear periódicamente la cotización y pronósticos de instituciones como Banco Central (que suele comentar la trayectoria del peso) y 2) tener estrategias de cobertura o ajustes en caso de movimientos bruscos (por ejemplo, negociar con proveedores pagos en pesos, o asegurar precios con contratos anticipados cuando sea posible). De este modo, el impacto del dólar sobre los costos operativos estará bajo control en la medida de lo posible.


Cambios Legislativos Recientes que Afectan los Costos Laborales (2023-2025)

En el periodo reciente se han aprobado en Chile diversas reformas legales que aumentan los costos laborales para las empresas. Es fundamental que las pymes de servicios consideren estos cambios en sus presupuestos 2025-2026, ya que inciden en el costo empresa (gasto total por trabajador, incluyendo salarios, cotizaciones y otros beneficios). A continuación se destacan los principales cambios legislativos:


Incremento del Salario Mínimo

La remuneración mínima mensual (sueldo mínimo) ha experimentado alzas sustanciales. En julio de 2024 alcanzó los $500.000 para trabajadores adultos, cumpliendo una meta gubernamental adelantada. Este aumento (de 350 mil a 500 mil pesos en poco más de dos años) significó un alza real cercana al 20% en el salario base. Adicionalmente, la legislación incorporó ajustes automáticos por inflación: por ejemplo, en enero de 2025 el sueldo mínimo se reajustó conforme al IPC acumulado en el segundo semestre de 2024. Posteriormente, en 2025 se pactaron nuevos incrementos: desde el 1° de mayo de 2025 el ingreso mínimo subió a $529.000, y a partir del 1° de enero de 2026 subirá a $539.000. Estas alzas escalonadas buscan preservar el poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos, pero implican mayores erogaciones para las empresas.

Para una pyme de servicios, el impacto no se limita solo a quienes ganan el mínimo, sino que puede tener efecto arrastre en sueldos ligeramente superiores (para mantener diferencias por experiencia o responsabilidad). Cada aumento de sueldo mínimo conlleva también un aumento proporcional en gastos asociados como aportes previsionales, seguros y otras prestaciones que se calculan sobre la remuneración. Es recomendable que la empresa presupueste los salarios del 2026 incorporando estas alzas obligatorias. Por ejemplo, si en 2024 tenía trabajadores ganando $500.000, para 2026 ese mismo puesto deberá considerarse en al menos $539.000 más el ajuste inflacionario que corresponda en 2025 (y potencialmente nuevos incrementos si se dictan más reajustes en 2026). Ignorar estos cambios llevaría a subestimar el costo de personal. En cambio, anticiparlos permite planificar medidas de productividad o ahorros en otras áreas para financiar el mayor gasto en remuneraciones.

Adicionalmente, el Estado ha implementado subsidios transitorios a MiPymes para aliviar el impacto del alza del mínimo, los cuales estuvieron vigentes hasta 2025. Conviene informarse si existen apoyos vigentes a la fecha que puedan incorporarse al presupuesto (por ejemplo, subsidios por trabajador para microempresas ante alzas del mínimo). No obstante, estos apoyos son temporales; a largo plazo las pymes deberán ser capaces de sostener los mayores sueldos con sus propios ingresos.


Reducción de la Jornada Laboral (Ley de 40 Horas)

Otro cambio de alto impacto es la nueva Ley 21.561 de 40 Horas, publicada en abril de 2024, que reduce gradualmente la jornada de trabajo semanal de 45 a 40 horas. La implementación es progresiva en un plazo de 5 años: desde el 26 de abril de 2024 la jornada máxima bajó a 44 horas; el 26 de abril de 2026 bajará a 42 horas; y finalmente en abril de 2028 llegará a 40 horas semanales como límite legal. Esta reforma busca mejorar la calidad de vida de los trabajadores, pero supone desafíos operativos y financieros para las empresas, especialmente las pymes.


Una menor jornada ordinaria significa que, manteniendo los mismos salarios, el costo por hora de trabajo aumenta para el empleador. Las pymes de servicios deberán planificar cómo absorberán esa reducción de horas disponibles sin mermar la productividad. En algunos casos, implicará contratar personal adicional (por ejemplo, reemplazos para cubrir las horas que antes excedían el nuevo límite), lo que claramente eleva los costos laborales totales. Un análisis publicado señala que para las pequeñas empresas, cumplir la reducción de jornada podría requerir incorporar otro trabajador por turnos o días, encareciendo sus costos de forma significativa. Esto es especialmente complejo en microempresas donde cada empleado cumple múltiples funciones – la pérdida de horas hombre podría impactar la atención de clientes o la entrega de servicios si no se refuerza el equipo.

Además, la ley introduce cambios en horas extraordinarias (fomenta su compensación con días libres adicionales en vez de pago, hasta 5 días de vacaciones extra) y exige nuevas adecuaciones (registro de asistencia más estricto, bandas horarias especiales para trabajadores con hijos pequeños, entre otras). Si bien estas medidas buscan flexibilidad y bienestar, en la práctica pueden significar mayor complejidad administrativa y eventualmente más costos (por ejemplo, más días de feriado pagados). Para 2026, cuando la jornada ya será de 42 horas, una pyme debería haber evaluado opciones como reorganización de turnos, mejora de procesos para producir lo mismo en menos tiempo, o inversiones en tecnología para compensar la menor disponibilidad de mano de obra. Presupuestariamente, es prudente considerar un posible aumento en gastos de personal de al menos ~5% a 10% debido a esta reducción de horas (por concepto de contrataciones adicionales, horas extra compensadas, o menor eficiencia inicial mientras se ajustan los procesos). Cada realidad empresarial variará, pero lo importante es no subestimar el impacto de las 40 horas. Ignorar este cambio podría derivar en atrasos o sobrecarga de trabajo no sostenible, con el riesgo de multas si no se cumple la ley laboral.

En síntesis, la recomendación es adelantarse: integrar en el presupuesto anual un plan de ajuste a la jornada reducida, incluyendo cualquier costo de capacitación, contratación o reestructuración necesario para seguir operando correctamente con 42 horas semanales en 2026. También conviene revisar los contratos y reglamentos internos con asesoría legal laboral, para asegurar el cumplimiento de las nuevas disposiciones sin incurrir en sanciones (por ejemplo, respetar el máximo de horas extra permitidas, nuevas reglas para distribuición de jornada 4x3, etc. según la ley).


Reforma Previsional (Aumento de Cotizaciones del Empleador)

A comienzos de 2025 se aprobó una Reforma Previsional en Chile que modifica sustancialmente el sistema de pensiones, con importantes implicancias para los costos laborales empresariales. Un pilar central de esta reforma es la creación de una cotización adicional del 6% a cargo del empleador destinada a financiar un componente de seguridad social (un fondo común) y cuentas individuales adicionales. Esta nueva cotización patronal de 6 puntos porcentuales se implementará gradualmente sobre los próximos años, sumándose a la cotización obligatoria actual del 10% que pagan los trabajadores a las AFP. En otras palabras, el costo previsional total por trabajador irá aumentando paulatinamente, repartido entre la cuenta individual y un fondo solidario, pero todo financiado por la empresa contratante.

Aunque a 2025-2026 la aplicación será parcial (por definir si se aumenta, por ejemplo, 1% por año), las pymes deben prepararse para este aumento de carga. Cuando el 6% esté plenamente vigente, el impacto es significativo: por cada sueldo imponible de $500.000, la empresa deberá aportar $30.000 adicionales al mes en cotizaciones previsionales. Esto representa un incremento directo del costo laboral fijo. Incluso antes de llegar al 6% completo, cada punto porcentual extra implica $5.000 adicionales por cada $500.000 de sueldo, lo cual puede afectar la capacidad de contratación y la liquidez de muchas pymes si no se planifica adecuadamente.

Es importante destacar que esta reforma busca mejorar las pensiones futuras, y trae consigo también nuevas obligaciones administrativas para los empleadores (por ejemplo, retener y pagar las cotizaciones adicionales, informar periódicamente los aportes, coordinarse con los nuevos Inversores de Pensiones que gestionarán esos fondos, etc.). Todo ello podría implicar invertir en sistemas de remuneraciones actualizados o destinar más tiempo a cumplimiento previsional. Desde el punto de vista del presupuesto empresarial, se deben considerar dos cosas: el aumento porcentual de costos (más aportes por cada trabajador) y los recursos administrativos necesarios para gestionar estos cambios (eventualmente contratar asesoría o software de nómina).

Para 2026, probablemente una parte de ese 6% ya esté vigente (por ejemplo, 2% o 3%, según el calendario definitivo). Las pymes deberían proyectar su “costo empresa” por trabajador incorporando esos puntos adicionales. Un ejercicio útil es calcular el porcentaje total de sobrecarga laboral: considerando cotizaciones previsionales actuales (~13% AFP+Salud pagadas por el trabajador, y ~3% seguros de cesantía y accidentes por el empleador, más 6% nuevo empleador), el costo total de un salario tiende a ser alrededor de un 20-25% por encima del sueldo líquido que recibe el trabajador. Con la reforma, esa brecha será mayor. Al elaborar presupuestos, conviene entonces presupuestar no solo el sueldo bruto, sino también estimar todas las cargas asociadas. Por ejemplo, si un analista ganará $800.000 bruto en 2026, la pyme debería calcular quizás unos $960.000-$1.000.000 como costo total mensual de ese empleado, considerando leyes sociales, seguros y cotización adicional, para no quedarse corta en la estimación de gastos de personal.

En resumen, los cambios legislativos (salario mínimo al alza, reducción de jornada y mayores cotizaciones) van a elevar el costo laboral de las pymes de servicios en 2026. Este “costo empresa” incrementado debe ser cuidadosamente incorporado en los presupuestos. Algunas recomendaciones concretas serían:

  • Revisar la estructura de remuneraciones: asegurar que ningún trabajador quede bajo el nuevo mínimo legal y recalcular gastos en salarios para 2025-2026 con los nuevos valores

  • Optimizar dotaciones y productividad: ante mayores costos por empleado, buscar aumentos de eficiencia (por ejemplo, inversión en capacitación o tecnología) que permitan absorber la reducción de jornada sin duplicar personal.

  • Flujo de caja para cotizaciones: prever el impacto mensual de la cotización extra. Si en 2026 sube, por ejemplo, 2%, apartar ese porcentaje adicional del presupuesto de remuneraciones desde comienzos de año para no verse sorprendido.

  • Mantenerse informado: seguir las circulares de la Dirección del Trabajo y Superintendencia de Pensiones sobre la gradualidad de implementación, para actualizar el presupuesto plurianual en consecuencia.


Mejores Prácticas en la Elaboración de Presupuestos para Pymes

Elaborar un presupuesto preciso pero flexible es vital para la salud financiera de una pyme, especialmente en entornos con incertidumbre económica. A continuación se describen mejores prácticas, herramientas y metodologías que las pymes de servicios en Chile pueden aplicar en su proceso de presupuestación anual:

  • Planeación basada en datos históricos y objetivos: Comience recopilando información financiera de años anteriores (ingresos, gastos por categoría, estacionalidad) y tenga claros los objetivos estratégicos de la empresa. Un buen presupuesto parte de proyecciones de ingresos realistas y previsiones de gastos detalladas, apoyadas en las tendencias históricas pero ajustadas por los cambios esperados. Es útil definir metas a corto, mediano y largo plazo, ya que los objetivos estratégicos guiarán la asignación de recursos y permitirán medir desviaciones durante el año. Por ejemplo, si la meta 2025 es crecer un 10% en ventas de cierto servicio, el presupuesto deberá reflejar los gastos de marketing o personal extra necesarios para lograrlo.

  • Metodología de presupuestación adecuada: Existen varios métodos para construir el presupuesto. Muchas pymes optan por la presupuestación incremental, tomando el gasto del año anterior y ajustándolo (ej. sumando inflación esperada, nuevos costos conocidos). Es simple y rápida, aunque puede omitir cambios disruptivos. Otra alternativa es el presupuesto base cero, donde cada partida se justifica desde cero cada año, ideal para eliminar gastos superfluos pero más demandante en tiempo También se puede usar un enfoque mixto: por ejemplo, incremental para gastos operativos rutinarios, pero base cero para proyectos o inversiones nuevas. Lo importante es que el método se ajuste al tamaño y dinámica de la pyme. En empresas más pequeñas, un enfoque participativo “ascendente” puede ser útil: involucrar a los jefes de área en estimar los recursos que necesitan, y luego consolidar eso en un presupuesto general. Esto mejora la precisión y el compromiso con las cifras. Por otro lado, en empresas con dirección financiera fuerte, un enfoque “descendente” define techos de gasto desde gerencia hacia abajo. Cada pyme debe evaluar su cultura y capacidad de análisis para escoger la metodología o combinación de ellas que le resulte más eficaz.

  • Herramientas tecnológicas: En la actualidad existen numerosos software de presupuesto y planificación financiera que pueden facilitar el proceso (por ejemplo, planillas avanzadas en Excel/Google Sheets con modelos predefinidos, o software especializado de planificación empresarial). Estas herramientas ayudan a automatizar cálculos, proyectar tendencias y analizar escenarios con datos en tiempo real. Incluso soluciones basadas en inteligencia artificial comienzan a estar disponibles para pymes, permitiendo estimaciones más sofisticadas. Como recomendación, una pyme debería apoyarse en tecnología financiera al elaborar su presupuesto; por ejemplo, utilizar sistemas contables que generen reportes al día, o aplicaciones que proyecten flujos de caja futuros en base a los datos históricos. Mientras más datos y automatización se aprovechen, más preciso y ágil será el proceso. Algunas alternativas populares incluyen herramientas de ERP simplificados, o incluso funcionalidades avanzadas de Excel (tablas dinámicas, escenarios). Lo importante es que la herramienta elegida permita desglosar la información adecuadamente (por centro de costo, por mes, etc.) y monitorear la ejecución presupuestaria más adelante.

  • Incorporar múltiples escenarios y gestionar la incertidumbre: Una práctica clave es no confiar en un único escenario estático. Es recomendable elaborar el presupuesto considerando distintos escenarios (pesimista, base y optimista) para variables críticas. Por ejemplo, se puede planificar un escenario conservador con ventas 10% menores (en caso de desaceleración económica) y otro escenario de fuerte crecimiento con mayores gastos variables. Tener presupuestos alternativos ayuda a la empresa a saber cómo reaccionar si las condiciones reales difieren de las supuestas. En 2025-2026, con incertidumbre en factores como tipo de cambio, demanda interna post-pandemia y posibles shocks externos, esta técnica es especialmente útil. La pyme puede preparar de antemano respuestas a preguntas del tipo: ¿qué gastos recortar o qué inversiones posponer si las ventas caen X% por debajo de lo previsto? ¿o cómo asignar recursos adicionales si por el contrario se superan las metas de ingresos? El ejercicio de escenarios múltiples reduce riesgos financieros y permite detectar con anticipación puntos de estrés en el flujo de caja. Una herramienta relacionada es el análisis de sensibilidad, que consiste en variar una hipótesis a la vez (ej. inflación +1 punto, dólar +100 pesos, ventas -5%) para ver cómo impacta en el resultado; esto brinda noción de cuáles variables afectan más la rentabilidad y por ende cuáles monitorear más de cerca.

  • Presupuesto flexible y revisiones periódicas: Un presupuesto no debe ser estático. Se sugiere implementar un sistema de control presupuestario mensual o trimestral para comparar lo real versus lo presupuestado. De esta manera, la gerencia puede tomar decisiones informadas durante el año (ajustar gastos, impulsar ventas) para asegurar que se cumplan los objetivos. Muchas pymes adoptan hoy el concepto de rolling budget o presupuesto continuo, que implica actualizar el horizonte de 12 meses mes a mes, siempre proyectando un año hacia adelante. Esto exige disciplina, pero asegura que el presupuesto incorpore la información más reciente y se mantenga flexible ante imprevistos. Por ejemplo, si al sexto mes las ventas están 20% bajo lo esperado, en vez de esperar al siguiente año, el enfoque de rolling budget ajusta inmediatamente los 12 meses siguientes (recortando gastos planeados, etc.) para responder a la nueva realidad. Las pymes en entornos muy cambiantes (tecnología, servicios digitales) se benefician especialmente de esta técnica, mientras que en negocios más estables un control trimestral tradicional podría ser suficiente. En cualquier caso, es buena práctica definir en el presupuesto fechas de revisión y responsables de analizar las desviaciones.

  • Contingencias y colchones financieros: Dado que siempre existen gastos imprevistos, es conveniente incluir en el presupuesto una partida para imprevistos o colchón de contingencia. Esto puede ser un porcentaje de los gastos (por ejemplo 2-5%) reservado para cubrir multas, reparaciones urgentes, variaciones de precio no anticipadas, etc. Así, si ocurren eventos inesperados, la empresa dispone de fondos asignados sin desajustar todo el plan financiero. Si al final del periodo no se utilizan esos fondos, pueden destinarse a ahorros o reinversiones. Lo importante es reconocer la incertidumbre: un presupuesto demasiado ajustado, sin holguras, puede descarrilar ante el primer imprevisto. Por pequeña que sea la reserva, brinda resiliencia.

  • Benchmarking y realismo en las proyecciones: Al estimar gastos e ingresos, ayuda comparar con referencias de la industria o promedios de mercado. Realizar benchmarking consiste en cotejar los indicadores financieros propios (márgenes, gastos en proporción a ventas, productividad por empleado, etc.) con los de empresas similares. Si nuestra pyme de servicios gasta, digamos, 15% de ingresos en arriendo y la norma del sector es 10%, eso podría señalar espacio de mejora o negociación. Estas comparaciones ayudan a validar si el presupuesto es razonable o si estamos siendo demasiado optimistas/pesimistas en algún rubro. Fuentes como estudios sectoriales de SOFOFA, cámaras de comercio o incluso herramientas en línea pueden proveer datos promedio para pymes chilenas. Asimismo, es fundamental mantener el realismo: aunque un presupuesto sirve también como meta desafiante, debe basarse en supuestos alcanzables. Se recomienda evitar estimar crecimientos excesivos sin sustento (ej. duplicar ventas sin plan comercial concreto) o subestimar gastos necesarios (ej. no considerar mantenimiento de equipos). Un presupuesto honesto y bien fundamentado servirá como una guía útil, mientras que uno hecho con supuestos poco creíbles perderá relevancia rápidamente.

En suma, las mejores prácticas giran en torno a planificar con datos, anticipar distintos futuros, usar herramientas modernas y monitorear continuamente. Una pyme que aplique estos principios logrará presupuestos que sean a la vez precisos y adaptables, facilitando la toma de decisiones financieras durante el año.


Proyectando Más Allá de 2026: Tendencias Macroeconómicas y Planificación Plurianual

La planificación financiera no debe quedarse en el corto plazo. Si bien muchos presupuestos pymes son anuales, es aconsejable extender la mirada más allá de 2026, hacia un horizonte de 3 a 5 años, para alinear las decisiones de hoy con la sustentabilidad futura del negocio. Para proyectar más allá de 2026 se deben considerar tanto las tendencias macroeconómicas esperadas como utilizar herramientas de planificación plurianual.

Del lado macroeconómico, Chile presenta expectativas relativamente estables en el mediano plazo, pero con crecimiento moderado. El Banco Central estima que el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá en torno a su tasa tendencial de mediano plazo, aproximadamente entre 1,5% y 2,5% anual en 2026-2027. Esto sugiere que no se anticipa un boom ni una recesión profunda en ese periodo, sino una expansión modesta. En consecuencia, las pymes de servicios podrían planificar sus ingresos asumiendo una demanda creciente pero a ritmo lento, acorde con un PIB al 2%. Por ejemplo, una empresa podría prever aumentar sus ventas apenas un 2-3% real por año después de 2026, a menos que esté ganando cuota de mercado o expandiéndose a nuevos nichos. Mantener expectativas de crecimiento prudente evitará sobrestimar ingresos en proyecciones a largo plazo.

En términos de inflación, como mencionamos, la tendencia esperada 2026-2030 es de estabilidad alrededor de 3% anual Esto facilita la elaboración de presupuestos plurianuales, pues se puede aplicar una tasa de inflación uniforme para actualizar precios y costos en los años futuros. Por supuesto, habrá que ajustar si surgen noticias de cambios (por ejemplo, si en 2027 la economía global enfrenta nuevas presiones inflacionarias, habría que revisar las suposiciones). Pero en principio, usar 3% anual como factor de indexación de precios es consistente con la meta del Banco Central y las proyecciones actuales. Asimismo, el tipo de cambio en el mediano plazo no muestra desequilibrios esperados (tabla 1 más arriba), por lo que una pyme podría suponer un dólar estable o ligeramente descendente en sus proyecciones a 5 años. Aun así, es recomendable hacer stress testing: por precaución, también evaluar la situación financiera con un dólar más alto, dado que eventos internacionales podrían alterar este supuesto.

Otros factores macro que vale la pena incorporar en la visión de largo plazo incluyen las tasas de interés (hoy altas pero que deberían bajar con la baja de inflación, reduciendo el costo de créditos hacia 2025-2026), la política fiscal (que podría traducirse en cambios impositivos para financiar reformas, afectando a pymes; por ejemplo, hay discusiones de alivios tributarios para pymes en curso), y las tendencias sectoriales. En servicios, las tendencias tecnológicas y de mercado son cruciales: la digitalización, automatización, cambio en preferencias de consumidores, etc., pueden redefinir la estructura de costos e inversiones necesarias a futuro. Una pyme debe mirar informes de tendencias (por ejemplo, avances en inteligencia artificial, teletrabajo, sostenibilidad) que podrían implicar nuevos gastos o ahorros en el horizonte post-2026chile. Por ejemplo, si se prevé que la adopción de cierta tecnología será necesaria para seguir competitivo en 2027, conviene ya estimar esa inversión en la planificación plurianual.


En cuanto a herramientas para la planificación plurianual, cabe mencionar:

  • Plan Estratégico a 3-5 años: Complementario al presupuesto financiero, el plan estratégico define hacia dónde quiere ir la empresa (nuevos servicios, expansión geográfica, segmentos de clientes) y esto se traduce en proyecciones financieras de varios años. Las pymes deberían elaborar al menos un presupuesto proyectado a 3 años, actualizado anualmente en base rodante. Este documento incluye estados de resultados proyectados, flujos de caja y balance (en la medida de la complejidad posible) para visualizar cómo evolucionarán las finanzas corporativas bajo ciertos supuestos de crecimiento y margen. Es útil para evaluar la viabilidad de inversiones mayores (por ejemplo, abrir una nueva sucursal, que quizá tenga costos hoy y recupero en años venideros). Herramientas como modelos financieros en Excel pueden ayudar, o incluso software de planificación de recursos que integran módulos de presupuesto multianual. Lo importante es que la pyme no se quede solo con la vista del año en curso, sino que anticipe necesidades de capital, de personal, etc., con tiempo.

  • Escenarios de largo plazo: Al igual que en el corto plazo, para lo plurianual se pueden manejar escenarios. Por ejemplo, una pyme puede trazar un escenario optimista en que crece 5% anual sus ventas hasta 2030, otro base al 2% y otro pesimista con estancamiento. Esto permite ver el impacto en su tamaño, endeudamiento y valorar la resiliencia del negocio. Las tendencias macro antes descritas deberían alimentar esos escenarios: uno podría suponer que ocurre una crisis global en 2027 (escenario adverso con PIB bajo y dólar alto) y evaluar cómo se sostendría la empresa. Si en ese escenario se ve problemas de liquidez, es señal de tomar medidas desde ya (como crear un fondo de emergencia, diversificar mercados, etc.). Algunos consultores recomiendan también pensar en megatendencias: cambios demográficos (en Chile, población envejeciendo), cambios regulatorios (mayores exigencias ambientales, laborales), que a 5-10 años pueden incidir. Incorporar esas consideraciones cualitativas en la planificación ayudará a hacer un presupuesto más robusto.

  • Monitoreo de indicadores clave: En un plan a varios años, se sugiere identificar ciertos KPIs financieros que la empresa seguirá de cerca, como % de gastos de personal sobre ventas, margen EBITDA, endeudamiento, liquidez corriente, etc. Así, año con año se puede verificar si la empresa mantiene sanos sus números según estándares. Muchos de esos indicadores se comparan con promedios del sector (benchmarking ya mencionado) para asegurarse de que la pyme sigue siendo competitiva y sostenible. Si, por ejemplo, la planificación muestra que para 2028 el pago de remuneraciones sería un 60% de los ingresos (muy por encima de lo habitual), es una alerta para replantear estrategia antes de llegar a ese punto.


Finalmente, la planificación plurianual debe verse como un proceso dinámico, no un documento fijo. Cada año, al elaborar el presupuesto anual, la pyme debiera también extender su proyección un año adicional (manteniendo siempre un horizonte móvil de 3-5 años) y ajustar los años previos en base a la nueva información económica. Esto crea una cultura de previsión constante. Muchas empresas pequeñas suelen concentrarse solo en la supervivencia inmediata, pero dedicar esfuerzos a proyectar el futuro brinda ventajas competitivas: permite tomar decisiones proactivas (como invertir en capacitación antes de que falten talentos, o ahorrar en épocas buenas para sobrellevar las malas) en vez de reaccionar a último minuto. En un entorno donde las condiciones pueden cambiar gradualmente (ej. costos laborales al alza por reformas, tecnología abaratando algunos procesos pero haciendo otros obsoletos), las pymes que planifican plurianualmente podrán adaptarse con mayor facilidad.

En conclusión, elaborar presupuestos para pymes de servicios en Chile requiere integrar información macroeconómica actualizada, entender el impacto de las regulaciones locales en los costos, y aplicar metodologías financieras sólidas que incorporen flexibilidad. Con una inflación controlada esperada para 2026 y adelante, y un tipo de cambio relativamente estable, el entorno ofrece cierta certidumbre para proyectar. Sin embargo, los aumentos de costos laborales por políticas públicas y la siempre latente volatilidad externa obligan a ser prudentes y tener planes alternativos. Las mejores prácticas –como el uso de escenarios, revisiones periódicas y apoyo de herramientas tecnológicas– ayudarán a las pymes a confeccionar presupuestos realistas, resilientes y alineados con sus metas de negocio. De esta forma, aun frente a la incertidumbre, las empresas podrán navegar con éxito el año 2026 y construir una ruta sostenible para los años siguientes.

 
 
 

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